A propósito de las últimas declaraciones de Kuzcinsky quien propone la legalización en el Perú de la más famosa soft drug del mundo, la marihuana, me puse a recordar como había sido mi propia experiencia con la bendita hierba satanizada por muchos aunque probada al fin, por muchísimos otros personajes de nuestro entorno.
En principio, al igual que el tabaco, fumar marihuana me parecía monstruoso, adictivo, inmoral y destructivo. Sin embargo, con el tiempo y con más de una anécdota, mi opinión y mis razones para manifestarme en contra de su consumo, han cambiado. Para empezar, creo que nos toca preguntarnos con sinceridad: ¿por qué la marihuana es mala? Mi respuesta a los veinte años hubiera sido simplemente: porque está mal. Pero, ¿por qué está mal? Bueno pues, ahora puedo responder a esa pregunta con mejores argumentos. Para empezar, creo que cualquier medio por el cual una persona pretenda modificar su realidad inmediata de manera ilusoria o ficticia para sentirse mejor o más feliz, de manera continua y descontrolada, es malo. En ese sentido, el alcohol, la marihuana, la coca o cualquier otra droga, caen en la misma bolsa. Resalto que sea un medio utilizado de manera continua (llámese todos los fines de semana, todos los días o con cierta periodicidad que la persona no pueda evitar), porque no me parece malo que cualquiera de nosotros en un acto de curiosidad, aprendizaje o ganas esporádicas, decida probar la droga o meterse una bomba con sus amigos un buen fin de semana. Es muy fina la línea que distingue lo que sería una periodicidad que la persona no puede controlar, de una periodicidad totalmente aleatoria. Para empezar, una persona drogadicta siempre manifiesta que consume drogas pero que tiene total control sobre su opción de consumirla. Es decir, que ella controla a la droga y no al revés. Típico argumento que para mí, es la primera luz que puede indicarnos que nuestro amigo o nuestro primo o quien sea, pueda estar ingresando en una especie de adicción (si es que realmente vemos que la persona consume regularmente). Además de eso, está por supuesto el argumento de que la marihuana simplemente te vuelve idiota y lenta, y su constante consumo puede realmente terminar por minar poco a poco tu capacidad intelectual y simplemente, destruirla indefectiblemente. Probablemente, un marihuanero confeso termine parando con gente en común y se aleje de aquellos que no la consumen. En general, se propicia una ruptura de relaciones sociales y más aún, familiares. Creo que éstas son para mí, las principales razones por las cuales no apruebo el consumo regular de hierba aunque, si es totalmente random como dije anteriormente, sí me parece válido.
Recuerdo que mi primer huiro fue como hace tres o cuatro años, en un viaje a La Merced y Oxapampa con una amiga y dos de sus amigos. Éramos dos chicas y dos chicos y de los cuatro, todos menos yo habían probado. Uno de los chicos, Martín, había llevado una bolsa ziploc con hierba envuelta en papel aluminio y el hecho de estar en ceja de selva le producía una especie de excitación o algo parecido. En general, mi amiga quería que yo pruebe por un tema de conocimiento y para que experimentara la relajación y el chiste absurdo del vuelo de una mosca. Luego del pressing amigable del grupo, acepté probarla sin saber lo mucho que me ardería la garganta de manera que ni el sorbo más profuso de agua o tres galletas de soda me aliviarían. Entre risas y risas, mis viajeros amigos no sentían lo que yo (una total amateur), sentía casi casi en carne viva. Irónicamente, cuando me pasó un poco el ardor, seguí probando hasta que finalmente me acabé todo el porro. De ahí, no volví a fumar hasta la noche siguiente en que Martín, tan considerado él, me dijo que pruebe para que según él, ahora sí, sintiera el efecto. Ok, le hice caso y no sentí nada. Después me enteré que, según los chicos, si no estás abierto mentalmente a las sensaciones, puede simplemente no afectarte. Y es que para mí, el efecto de reírme de una mosca o sentirme en un estado exagerado de relajo, no me interesaba en lo absoluto. Hasta el día de hoy, realmente prefiero en ese caso, tomarme un whisky y fumar un pucho. Además, en ese viaje tuvimos que pasar por el susto de llevar al hospital a Martín quien se había pasado de vueltas al fumarse la bolsa ziploc entera, ante el papelón de confesarle su cuasi amor eterno a Mariana. Evidentemente, Mariana lo había choteado y Martín, en un acto de querer alterar su realidad inmediata de manera ficticia, había caído en un estado catatónico y digno de provocarme una especie de miedo ante la marihuana.
Desde ahí, no volví a probarla hasta mi viaje a Holanda, el paraíso para muchos. Apenas pisamos Ámsterdam, recuerdo que visitamos el barrio rojo, entramos a unos cuantos sex shops para reírnos un rato y hasta pagamos cinco euros por ver un Sex Museum donde exhibían huacos y cartoons eróticos que daban más risa que otra cosa. En nuestro periplo por la calle roja, me ofrecieron coca y otras “diversiones”, y caminando en la misma ruta, encontramos varios coffee shops. Éstos coffees son justamente los sitios donde te venden marihuana, hachis, café y hasta comida buenísima para mayores de edad. Entre risas y risas, volví a probar la famosa hierba aunque apenas le di unas cinco pitadas y sentí cero efecto. Semanas después, volví a un coffee con Mónica y la sensación que sentí fue totalmente distinta. Para empezar, nos compramos un huiro cada una para probar qué sentiríamos luego de bastantes varias pitadas. Al principio no pasó nada y más bien nos sentimos relajadas y medio tontas. Recuerdo que me sentía en otra y ni siquiera atinaba mucho a hablar. Creo que estábamos tan ensimismadas tratando de descifrar los efectos que ni siquiera intercambiábamos muchas palabras. Finalmente, ni siquiera terminamos fumando el huiro entero y más bien, decidimos irnos a un bar a reunirnos con otros amigos. Bastó que me levantara de la mesa para que empezara a sentir un efecto extrañísimo. Me sentía pesada, con algo de nauseas, mareos y no podía mantenerme en pie. Necesitaba de algún modo, echarme en una cama y descansar (era rarísimo), y apenas salimos del coffee le dije a Mónica que me esperara unos minutos antes de empezar a caminar. Me apoyé en la pared y empecé a respirar aire más puro. Pasaron unos siete minutos hasta que me sentí ligeramente mejor y pude empezar a moverme. Cuando me apoyé en Mónica y traté de caminar, calculo que después de unos veinte pasos, ella empezó a sentirse mal. Al principio pensé que era por solidaridad para que no piense que yo era la única afectada. Sin embargo, después me di cuenta de que Mónica estaba pasando por un trance peor que el mío y realmente estaba incluso perdiendo la capacidad de sentir dolor y el tacto. Empecé a preocuparme cada vez más y felizmente, encontramos un hueco donde vendían comida y nos metimos inmediatamente. A las dos de la mañana, no había ni un alma salvo los seis tipos que estaban atendiendo a esa hora. Uno de ellos nos ofreció unas aspirinas para sentirnos mejor pero por desconfianza, preferimos no aceptarlas. Tomamos harta agua y simplemente tuvimos que esperar una hora hasta que más o menos se nos pasara el efecto. Al final, nunca llegamos al bar y nunca nos encontramos con nuestros amigos. Lo único que hicimos fue regresar a dormir y olvidarnos de lo sucedido.
Posteriormente, probé unas pocas veces más (en Holanda), y me bastó para sentir que conocía del tema. Ya en Lima, me es totalmente indiferente y siento ganas nulas de fumar marihuana. Aunque me confieso fumadora de tabaco, no me interesa realmente probar otro tipo de mezcla. En ese sentido, creo que sí es válido legalizar la marihuana para personas adultas y controlar la venta de dosis mínimas para llevar por persona (evitando así el comercio), pues al igual que yo, habrán muchas otras personas que no tienen interés alguno de consumirla teniendo la facilidad de acceder a ella. Creo que, finalmente, depende de cada uno y no del gobierno o de cuestiones legales. Probablemente, el día que regrese a Ámsterdam, vuelva a entrar a un coffee y comparta un porro con algún amigo pero hasta entonces, un gusto.
domingo, 5 de abril de 2009
Legalize it
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high as an amsterdam tourist jaja que buena historia XD welcome to holland haXD yo soy de peru y vivo desde mis 15 aca en holanda y bueno en mi opinion creo que en peru aun no esta listo para una legalizacion asi de la marihuana y vistes que la marihuana de aca en holanda es muy fuerte por eso te puso asi yo tambien me puse algo asi la primera ves que fume porro aca en holanda , por que la de peru es malisima. bien suave . bueno mi historia es que me vine a vivir aca y ahora estudio pero bueno me volvi marihuanero lo unico bueno es que vivo normal y estudio normal y eso que me fumo un porro cada noche es relajante para dormir despues de un dia estresante el abuso de marihuana es aburrido. por que se te hace aburrido fumar mucho y el efecto de dormido y no estan adictiva esta droga por que? todo esta en tu cabesa e ideas y marihuana estan solo una planta , me gusto ty blog saludos la proxima que vengas a holanda arma tu porro con tabaco es mejor te ahorras porro y te pone bien stoned tambien XD saludos.
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